La Glándula Pineal – Un portal hacia la energía universal

La glándula pineal es un pequeño órgano del tamaño de una lenteja situado en el centro de nuestro cerebro. Es parte de nuestro sistema endocrino y entre una de sus principales funciones se encuentra la regulación de nuestros ritmos circadianos, es decir, de los ciclos de sueño y vigilia. Esta pequeña glándula, que debe su nombre a su forma de piña (la piña de los pinos), tiene una conexión directa con la retina y recibe información a través de ella. Sabemos así, en función de la luz que hay, si es de día o de noche.

Cuando nuestros ojos perciben la luz del día, la glándula pineal reacciona produciendo serotonina, el neurotransmisor diurno que nos mantiene alertas. Al caer la noche, debido a la ausencia de luz, la glándula pineal reacciona produciendo melatonina, el neurotransmisor del sueño que prepara nuestro cuerpo para el descanso.

Un transductor neuroendocrino.

Dentro de la glándula pineal hay agua y en ella flotan unos cristales diminutos. Estos cristales tienen una propiedad piezoeléctrica, esto quiere decir que si se ejerce presión sobre ellos son capaces de cargarse de electricidad y generar un campo electromagnético (sabemos que toda carga eléctrica en movimiento genera un campo electromagnético, como por ejemplo el que genera la electricidad que pasa a través del cable de una lámpara). Al generar un campo electromagnético le permite captar otras frecuencias y convertirlas en otro tipo de energía, como si fuera una antena. Debido a que recibe y convierte señales en el interior de nuestro cerebro se le considera un transductor neuroendocrino.

Dentro de la glándula pineal hay agua y en ella flotan unos cristales diminutos.

 

Todo está en constante vibración, todo el universo se compone de vibraciones a diferentes frecuencias. Nuestra glándula pineal se activa mediante determinadas frecuencias. Recordemos que, en ausencia de luz, la glándula pineal reacciona creando melatonina. Hay ciertos estados que se dan en la glándula pineal, dependiendo de la frecuencia que esté interactuando con ella, que modifican la química de la melatonina dando paso a otras sustancias. Una de estas sustancias es el DMT (dimetiltriptamina).

El DMT tiene muchas funciones y una de ellas y de uso diario es ser el neuro-activador de los sueños. Nuestro nivel de consciencia y desarrollo espiritual pueden hacer que nuestra glándula pineal secrete unos miligramos más de DMT y se produzcan los sueños lúcidos, o sea que sepamos que estamos soñando y que estemos conscientes dentro del mismo.

Sabemos que el DMT crea un estado alterado de consciencia y elevados estados de percepción, por eso en muchas tradiciones antiguas como la hinduista o budista se conoce a la glándula pineal como tercer ojo, el ojo que nos permite ver nuestro interior, que nos permite ver más allá de lo que podemos percibir con nuestros sentidos físicos. No en vano se le llama tercer ojo ya que sabemos que posee tejidos y células receptoras de luz similares a las de la retina y además está conectada con la corteza visual del cerebro. Es un vínculo de conexión entre el mundo físico y el espiritual.

Al generar un campo electromagnético le permite captar otras frecuencias y convertirlas en otro tipo de energía, como si fuera una antena.

 

En el hinduismo y el budismo cada chacra se conecta a un órgano. La glándula pineal se conecta con el sexto chacra que se encuentra a la altura del entrecejo. Este chacra representa el asiento de la intuición y la clarividencia. La clarividencia es la que nos permite ver en esos otros planos de realidad y navegar por las distintas dimensiones de la existencia. Cuando tenemos una experiencia fuera del cuerpo o hacemos un viaje astral, es este tercer ojo quien nos ayuda a ver esos mundos internos.

Es un vínculo de conexión entre el mundo físico y el espiritual.

 

La glándula pineal parece ser nuestra conexión con las dimensiones más sutiles. Con ella podemos acceder al mundo espiritual y a otros planos energéticos. Tenemos que cuidar nuestro tercer ojo para que siga conectado a otros planos de consciencia y nos sirva de antena para poder recibir y convertir las señales que nos llegan de esas dimensiones superiores. La glándula pineal tiene un papel clave en nuestra evolución espiritual.

Para cuidarla y aumentar su rendimiento es importante evitar las toxinas provenientes de la alimentación y del medio ambiente, respetar nuestro reloj biológico y vivir con el sol, y practicar ciertas meditaciones y respiraciones que harán vibrar esos diminutos cristales para conectarnos con la energía del universo.

 

Fuentes:

Fernando Malkún – La glándula pineal y la evolución de la consciencia

David Wilcock – Los secretos de la glándula pineal

 

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